Mosen Hartan

Altura media, porte sencillo, mirada agradable

Description:

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Nombre: Mosen Hartan
Sexo: Masculino
Estatura:
Peso:
Cabello:
Ojos:
Mano:
Raza: Hombres del norte
Ocupación: Clérigo
Religión: Korth
Armadura: Ropa
Arma: Bastón
Escudo: No

Bio:

Estaba siendo un invierno especialmente duro, pero por suerte hacía ya dos días que no nevaba y se podía acceder, no sin cierta dificultad, hasta el monasterio de Eradun. En una de las cabañas que salpicaban la subida al monasterio estaba Hardan afanandose a quitar la nieve del camino de acceso a la entrada, solo tenía 9 años.

- Hardan, date prisa, aún tienes que traer leña. Apenas queda y tengo que empezar a hacer la comida.
- Vale madre, aún queda de la pila que hizo padre hace unas semanas. No tardo ni cinco minutos.

En las últimas paladas de nieve que hacían practicable el acceso a la cabaña desde el camino que subía al monasterio Hardan oyó un ruido metálico, pensó que probablemente se le hubiera caído la marmita de cobre a su madre al suelo, el invierno la estaba debilitando realmente. Fue hasta la parte trasera de la cabaña para recoger la leña y entrar por la puerta trasera y ver qué había ocurrido. Hardan era un chico fuerte para su edad, y le gustaba demostrarlo antes sus padres para que se sintieran orgullosos de él. Abrió los brazos todo lo que pudo para coger la mayor cantidad de leña que le fuera posible, aunque casi no le dejara ver donde pisaba. A unos metros de la entrada trasera de la cabaña volvió a oír otro ruido, pero esta vez fue más sordo… y con un hilo de voz, a su madre. Fue como sombra, una oscura y sinuosa sombra lo que pasó a su lado. No pudo verle la cara, pero si su oscuro y estilizado cuerpo. Lanzó los trozos de leña por doquier y entró como una exhalación pero solo pudo ver como se escapaba el último suspiro de vida a su madre. Una gran mancha roja en su pecho y los ojos perdidos de Droma (su madre) fueron suficiente para que Hardan supiera que le habían arrancado la mitad de su existencia.

Su padre, Harum, trabajaba haciendo reparaciones en el monasterio, era el mejor ebanista de la región. Hardan estaba seguro que la nevada que cayó la semana anterior había pillado a su padre haciendo el nuevo cobertizo para los caballos de batalla de los paladines. No terminaba de entender porqué alguien querría derramar hasta la última gota de sangre por un dios, pero se sentía atraído por las relucientes armaduras que llevaban… y por su dureza en batalla. Subió al monasterio a tal velocidad que cualquiera pensaría que la tierra se estuviera desintegrando bajo sus pies, atravesó el portón de entrada de la fortificación y sin siquiera ver a los monjes que se esforzaban por quitar grandes tomos de nieve de la puerta de la vicaría se dirigió al cobertizo. Frenó con el mismo ímpetu que lo haría un borrico, pues la construcción estaba a medio terminar, las herramientas por el suelo y dos grandes caballos se acurrucaban en el rincón que ya estaba terminado.

Aún no recuerda si fueron segundos u horas los que estuvo parado frente al cobertizo, pero fué un monje el que le sacó de ese trance en el que se había sumido tratando de imaginar dónde estaría su padre. Goldberg, el hermano cocinero le dijo que apenas empezó a nevar la semana anterior Harum les pidió permiso para volver a su casa pues creía que su familia podría estar en peligro, y salió con la misma premura que acababa de entrar él mismo para dar con su padre. Hardan quería gritarle porque no entendía nada, pero en el fondo sabía que no era culpa de Goldberg, fuera de sus fogones era solo era un monje que veneraba a Korth.

Dalvin, el hermano superior, organizó una batida para encontrar a Harum en la que participaron casi todos los hermanos del monasterio, pero tras varios días recorriendo hasta el último rincón de la zona no llegaron a encontrar ni un solo indicio de su paradero. Hardan siempre trataba de unirse al grupo que lideraba Dalvin, pues pensaba que el era el monje con mas habilidades fuera de la oración a Korth, y así descubrió que no solo la oración hace al monje.

Fue el mismo Gordberg el que sugirió a Dalvin que acogieran e instruyeran a Hardan pues necesitaba un guía, y de la misma manera que Korth guió y salvó a los ancestros, debían darle un camino a seguir y que no se perdiera en el odio y la venganza. Así Hardan pasó los años de su juventud dedicado al estudio y la oración a Korth, aunque no olvidaba su gran pérdida. Durante todo ese tiempo seguía buscando la aprobación de los monjes de la misma manera que lo hiciera con sus padres, de esa manera junto a su fe, también cultivó su mente. Dalvin siempre lo animó a servir en el brazo armado de la religión de Korth pues pintaba maneras, podría ser un gran paladín y llevar la palabra de su dios hasta los confines de Valsorth, pero Hardan veía cada vez más claro que sería no sería derramando sangre la manera de honrar Korth, sino evitando que esta se derrame.

No había día que pasara en el monasterio que no recordara a ese joven ávido de conocimiento su gran perdida, pero encontró la manera de aplacar su odio y su sed de venganza, pues no había con quien vengarse. Pasaba horas orando bajo el altar y dedicándose a ayudar a los desfavorecidos.

El verano en el que Hardan cumplía 19 años fue extremadamente caluroso y seco y todos los hermanos preferían pasar las horas diurnas en los sótanos del monasterio orando y leyendo. Pero Hardan no menguaba en sus quehaceres, se esforzaba hasta que su cuerpo estaba a punto de sucumbir al calor y después entraba a orar y darle gracias a Korth por poder seguir con su formación. Un día en el que hasta las piedras parecían fundirse por las altas temperaturas Hardan vio salir a Dalvin al patio y recoger algo del suelo, lo siguió y cuando estuvo a su lado vio que tenía un pequeño pájaro en las manos, Dalvin se giró y le dijo:

- ¿Crees que Korth es justo en todo lo que hace?
- Si hermano, lo creo realmente, pues os tengo a vosotros y soy feliz.
- Entonces ¿Porque crees que permite que este pobre pájaro esté al borde de la muerte?
- Con esto creo que es más que justo, pues me ha dado la oportunidad de cuidar de este pobre animal y conseguir que un día pueda batir las alas y remonte el vuelo. Cuidaré de él como Korh cuidó de nuestros ancestros.
- Es verdadera fe lo que hay en tus entrañas, cuando viajes por Valsorth encontraras muchas cosas y seres que te harán dudar de tu fe, cuando esto te pase vuelve a mirar en tu interior, saca el Hardan que amaba a su madre y veneraba a su padre y nunca pierdas el camino de Korth. Ya estas listo para partir.

Una lágrima brotó de su ojo pero su expresión era de felicidad, sabía que tenía todo un mundo por conocer… y por amar.

Mosen Hartan

Luz en la oscuridad Aviso_a_roleantes darthagus