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El mundo de Valsorth es un vasto continente que abarca desde los Océanos de Dunas hasta las abruptas montañas Kehalas, con los bosques élficos de Shalanest alzándose como una barrera entre las frías tierras del norte y los desiertos del sur.

Llanuras Grises

Una eterna extensión de lomas desnudas y áridas ocupa el centro del continente. Se trata de una región desolada, en la que pocos pueblos se han establecido debido a la dureza de la vida en ella, de modo que un viajero puede pasar días y días en las llanuras sin encontrarse con ningún otro ser vivo y tan sólo vislumbrando el raquítico perfil de algún árbol reseco. Los pocos viajeros que se adentran en las llanuras suelen seguir la calzada que atraviesa el continente de este a oeste y que une Teshaner y Portblau, dos de las ciudades humanas más importantes de Valsorth.

El clima es duro en estos parajes, con veranos sofocantes y secos en los que es difícil encontrar una sombra donde protegerse del sol, e inviernos fríos, con fuertes vientos del norte que hielan hasta los huesos.

En el mismo centro de las llanuras se abren las ciénagas de Hianta, un traicionero páramo de marismas anegadas en barro y lodo al que pocos osan acercarse. Más al norte empiezan las estepas, donde la nieve no cesa de caer durante el invierno, helándose debido al frío y cubriendo el suelo pedregoso con placas de hielo resbaladizo.

El único pueblo que considera estas extensiones como suyas son los elfos grises, bandas de nómadas que sobreviven gracias al pillaje sobre las caravanas que atraviesan las llanuras. Pero no son los únicos peligros que uno puede encontrar aquí, manadas de perros salvajes atacan a los viajeros solitarios, así como otras criaturas mucho peores que se ocultan en lo más profundo de las llanuras, en ruinas y templos erigidos en los albores de la historia.

Bosques Élficos

Los dos bosques de Shalanest figuran entre los parajes más bellos de todo Valsorth, una explosión de verdor y naturaleza, con sendas que discurren entre árboles altos como torres. En un principio, ambos bosques compartían su belleza, sin embargo, desde la invasión de los Caballeros de Stumlad que provocó el abandono de Shalanest Occidental, éste se ha convertido en un lugar tenebroso, rehuido por los elfos pues sólo los muertos y los espíritus habitan ahora allí.

Sólo Shalanest Oriental muestra la belleza de antaño, con su capital Litdanast como prueba y último vestigio del antiguo señorío de los elfos. Edificados en lo alto de los árboles, palacios de madera cubren el techo del bosque entre las copas de los árboles, unidos por numerosos puentes y pasarelas que comunican las viviendas.

Por contra, Shalanest Occidental ha caído en desgracia. Su capital, la ciudad de Dalannast, fue edificada bajo tierra, en una red de galerías y estancias con las viviendas excavadas en la misma roca. La belleza de las mansiones de piedra, adornadas con miradores y balcones, se perdió con la caída del reino elfo de las profundidades, que no es ahora más que una gran tumba.

Una eterna primavera reina en estos bosques, un clima agradable donde los árboles siempre están rebosantes de frutos. Por desgracia, el lento declive de los elfos les ha obligado a dejar grandes extensiones de sus bosques sin cuidados, lo que ha producido que todo tipo de malas plantas y criaturas se apoderen de esos parajes.

Las colinas de Terasdur

Esta región, situada al norte de los bosques élficos y la ciudad de Teshaner, es una fría zona de abruptas colinas que se abre rodeando entre sus brazos las montañas Durestes y las junglas de Uskan. Se trata de un hábitat duro donde sólo los más fuertes han logrado sobrevivir.

Cubiertas de nieve la mayor parte del año, el frío y las tormentas azotan sin descanso este territorio, en el cual se han refugiado los pueblos rechazados por los más poderosos de Valsorth.

De este modo, los clanes de bárbaros y los gigantes azules se disputan las colinas, enfrentados en guerras y escaramuzas sin que nunca haya un claro vencedor, a la vez que ambos sufren los ataques de las hordas de orkos que descienden de sus cuevas en el norte.

Poco se sabe de esta región inexplorada. Las leyendas cuentan que en lo más profundo de las montañas se ocultan las ruinas de una gran civilización que desapareció misteriosamente hace siglos. También se habla de un pueblo de seres alados que mora en lo alto de las montañas, en las cumbres más altas a las que nadie puede llegar por su propio pie. Al igual que nadie sabe con exactitud qué se esconde en las junglas de Uskan, un bosque frondoso y cálido que nace, como por arte de magia, entre los nevados riscos.

El norte

La ciudad de Eras-Har es el último enclave humano que uno encuentra antes de adentrarse en las peligrosas tierras del norte. Situada entre el Bosque de la Araña y las ruinas de la antigua urbe de Agna-Anor, la ciudad resiste los ataques de hordas de orkos y trolls que bajan de las montañas y asaltan sus tierras.

Ante Eras-Har se elevan amenazantes las montañas Kehalas, un lugar frío e inhóspito, hogar en su día del Rey Dios que asoló todo el continente. A pesar de los siglos pasados desde entonces, las montañas siguen considerándose malditas. Pocos son los que se aventuran en sus laderas cubiertas de nieves perennes, y menos son los que regresan con vida para contarlo. Entre sueños febriles, los que lo logran hablan de seres no muertos que vagan por los valles helados y espíritus malignos que persiguen a los vivos atraídos por su sangre caliente.

El clima en las montañas es terrible, el cielo cubierto por negros nubarrones que descargan furiosas tormentas de nieve y vientos huracanados que azotan sin descanso sus laderas. Más al sur, la ciudad de Eras-Har padece crudos inviernos en los que los caminos quedan anegados en nieve, aunque el sol suele aparecer unos pocos días durante el verano, para alegría de sus ciudadanos.

Los humanos poblaron esta región hace tiempo, como atestiguan las ruinas de Agna-Anor. Ahora sólo permanecen en Eras-Har, enzarzados en guerras con los clanes orkos y con grupos de elfos oscuros que dejan las profundidades del Bosque de la Araña para atacar sus campos. Más allá, nadie sabe qué razas habitan las montañas Kehalas y sólo una red de puestos de vigilancia de los caballeros de Stumlad mantienen seguras las fronteras.

Más allá del reino de la sombra

Muchas otras regiones forman Valsorth. Al oeste, rodeado de montañas, se encuentra el Reino de Stumlad, el más poderoso imperio humano, eternamente enemistados con los elfos de Shalanest. Su capital es Solak, una impresionante ciudadela que se alza sobre una presa de piedra que divide las caudalosas aguas del río Taras.

Otra serie de ciudades humanas siembran las costas del continente. En la costa Oeste, Portblau es la más importante de todas, situada cerca del Lago Darnes, en la región de Derior, junto a otros puertos de menor importancia. Mientras que en la costa Este, en la región de Viriandar, destacan Teshaner y la ciudad portuaria de Portamar.

Al sur de los bosques élficos empiezan los Océanos de Dunas, una serie de desiertos de extensión infinita, gobernados por los Señores de las Dunas, déspotas esclavistas que mantienen su poder con puño de hierro, oprimiendo a los pocos pueblos que habitan estas tierras.

Las colinas de Samuani forman una frontera natural entre los Océanos de Dunas y la región de Banthesth, habitada por humanos y situada en las últimas tierras del sur.

Por último, nombrar las islas de Doruor, situadas más allá del Mar de la Bruma. Poco se sabe de esta región, aunque las leyendas élficas cuentan que allí viven los primeros elfos, los nacidos de la luz, los cuales nunca fueron corrompidos por el Rey Dios ni debilitados por la guerra con los humanos. Sin embargo, ningún navegante osa atravesar el Mar de la Bruma, pues los barcos se pierden en sus bancos de niebla para no regresar jamás.

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